La kriptonita del fracaso taquillero de Supermán IV en busca de la paz fue persiguiendo al Hombre de Acero durante casi dos décadas, todos los proyectos se hundían uno tras de otro, como esa insensatez de Tim Burton con Nicolas Cage o una adaptación con Dean Cain y Teri Hatcher, protagonistas de la serie de TV Lois y Clark, asociándolo con Batman. Si esta serie mencionada y Smallville tuvieron éxito, no satisfacían las ansias de los fans de verles de nuevo en pantalla grande con modernos efectos especiales.
En este apartado, Superman Returns cumple con su cometido. Es un lifting a la serie que ha dejado cautivado y que no ha decepcionado. Decepciona en cambio en el guión porque tiene muchos matices copiados del filme original de Richard Donner en 1978, produce una sensación de "ya visto" molesta. Pero de todos modos, este Supermán no mereció una crítica tan dura. El tiempo que todo lo remedia lo pondrá de nuevo en su sitio, en un nuevo clásico que no es redondo ni mucho menos, pero si más que estimable.
Hay escenas preciosas, elegantes, como esta impagable secuencia en la que el matón que custodia a Lois Lane y a su hijo le acompaña a éste tocando el piano, antes del enfrentamiento que provoca la airada reacción del muchacho.
Kevin Spacey es un villano perfecto, Frank Langella (uno de los actores más brillantes del cine de género) se luce con su Perry White. A Singer le falta originalidad en la creación de personajes, no da una visión más personal de Supermán y su entorno, todo está construido para recordar la primera entrega de la saga convirtiendo el lifting es superficial. Es decir, la serie ha progresado mucho en el aspecto estético pero no en el intelectual, por decirlo de algún modo. Al menos hay que agradecerle que no haya convertido su película en una payasada como suele ocurrir en películas de reciente producción donde todo se toma a cachondeo, como los últimos mosqueteros de Paul W.S. Anderson de nefasto recuerdo.
Singer en cambio sabe realizar la trama con excelente gusto y un estilo refinado. Brandon Routh acepta valientemente el reto de emular a un icono como Christopher Reeve, pero la comparación le perjudica demasiado por lo que en la siguiente entrega será sustituido por Henry Cavill. Tal vez le falta personalidad. Reeve era un novato cuando se vistió las mallas del kriptoniano por vez primera pero supo darle al personaje un tono sensible, entrañable, que supo seducir al público y este caso esta seducción no tiene lugar.
Superman necesita un actor muy completo, no sólo debe saber hacertoda clase de piruetas, ayudado por alambres, sino encarnar a un Clark Kent que finge ser patoso para que nadie descubra su verdadera identidad, aunque entre nosotros, me da la impresión que su entorno padece de miopía colectiva.
En definita, nos encontramos ante un buen espectáculo que hubiera sido mejor de haberse tratado con más rigor, un pequeño clásico que se verá con cariño, simpatía, y que será mejor valorado cuando la etiqueta de película moderna desaparezca para convertirse en un clásico.
Salvador Sáinz